¿Cómo es una Evaluación Auditiva? Paso a Paso

La entrevista inicial

La evaluación empieza normalmente con una conversación sobre el historial auditivo: desde cuándo nota dificultades, en qué situaciones le cuesta más oír, si ha estado expuesto a ruido intenso de forma habitual, si toma medicación, y si hay antecedentes de problemas de audición en la familia. Esta información ayuda al profesional a interpretar mejor los resultados posteriores.

La otoscopia

Con un otoscopio, el profesional examina el canal auditivo y el tímpano para descartar causas mecánicas sencillas, como un tapón de cera, una infección o una perforación timpánica, que a veces explican por sí solas la dificultad para oír y que no requieren un audífono para resolverse.

La audiometría tonal

Es la prueba central de la evaluación. Con unos auriculares en una cabina o sala insonorizada, se emiten tonos de distintas frecuencias e intensidades y la persona indica cuándo empieza a percibirlos. El resultado se refleja en un audiograma, un gráfico que muestra el umbral de audición en cada oído y en cada frecuencia, y que permite determinar el grado (leve, moderado, severo, profundo) y el tipo de pérdida auditiva.

La audiometría verbal

Complementa a la anterior evaluando no solo si se oyen los sonidos, sino si se entienden las palabras. Se reproducen listas de palabras a distintos volúmenes y se comprueba cuántas se repiten correctamente, lo que da una idea más realista de cómo afecta la pérdida auditiva a la comprensión del habla en la vida diaria.

Después de la prueba

Una evaluación auditiva completa suele durar entre 30 y 60 minutos, dependiendo de si se realizan solo las pruebas básicas o también otras adicionales. Es recomendable acudir sin haber estado expuesto a ruido intenso en las horas previas, llevar una lista de los medicamentos habituales y, si es posible, acompañado de un familiar que pueda aportar su perspectiva sobre los cambios observados (puede leer más en nuestro artículo sobre cómo preparar la primera consulta).

Con los resultados en mano, el profesional explica el audiograma, aclara qué tipo de pérdida auditiva hay (si la hay) y, en caso de que sea necesario, plantea las opciones disponibles: desde un simple seguimiento periódico hasta la adaptación de audífonos. En la mayoría de los centros de este directorio, esta primera evaluación es gratuita y no obliga a nada.

Conviene repetirla al menos una vez al año a partir de los 60 años, o antes si se notan cambios, ya que la pérdida auditiva relacionada con la edad suele avanzar de forma lenta pero constante, y una evaluación periódica permite ajustar el tratamiento a tiempo en lugar de esperar a que la dificultad sea ya muy notable.

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